Entro a lugares donde nadie quiere entrar. Me introduzco en cuevas urbanas o en guaridas naturales, en el centro del sistema o en los márgenes, bajo el amparo de lo perecedero. Mis ojos y mi olfato
detectan objetos descartados, reliquias ignoradas que se esconden bajo una piel de polvo y mugre.
En el momento en que un objeto con múltiples usos y vidas se encuentra conmigo, algo se despierta.
Todo está
en movimiento: mi cuerpo, el paisaje que atravieso y los objetos desviados de su larga carrera
terrestre o fluvial.
Cargo elementos descuidados y estropeados para elaborar piezas de mi propio ajuar
funerario. Lo industrial,
lo primitivo, lo utilitario y lo simbólico entran en comunión bajo la forma de una joya, un ornamento, un textil, o
un instrumento de poder.
A través de la experimentación sonora o la construcción de un objeto, persigo la profundidad de una
frecuencia,
la discreción de una sutura y la tensión de una fibra vibrante.
